Carollina (cuarta parte)
Por fin llegó el día de su cumpleaños. Como todos los años, que solo habían sido cinco, su mamá le dejaba sus regalos en su cama durante la noche. Y cuando ella se despertaba estaba rodeada de globos y regalos y su mamá la miraba con tanta ternura en los ojos que parecía que en cualquier momento se iba a derretir. Carolina abrió todos sus regalos, desesperada. Encontró cosas bonitas. Pero ninguno era su muñeca. No estaba por ningún lado. Solo quedaba un regalo, su corazón latía tan rápido, era una caja rectangular. A Carolina le pareció raro que su muñeca entrara en un paquete tan chiquito, no se dio cuenta que en ese momento su mamá, que no había dejado de mirarla con la misma ternura durante todo ese tiempo, bajó la mirada. Carolina terminó de abrir el regalo y su corazón se rompió como cuando una pelota rompe una ventana al jugar. No era su muñeca. Su mamá se le acerco y le acarició la cara para, al mismo tiempo, secarle la primera lágrima. Y entonces le explicó. Hace dos días fui a la tienda, pregunté por tu muñeca y me dijeron que se habían agotado, que eran echas a mano y que eran únicas. Por supuesto no había tampoco en ninguna otra tienda de juguetes en toda la ciudad. Carolina vio que su mamá estaba apunto de llorar y eso la asustó mucho. Las mamás nunca lloran. Entonces se secó las lágrimas, se tragó toda su desilusión, y dibujó una sonrisa en su cara. No importa mami, gracias. Su mamá sonrió y eso la hizo, por lo menos, un poquito feliz. Estaba desolada, se sentía vacía, extrañaba ese abrazo pero sabía que no iba a ser lo mismo. Después como trataba de disimular su tristeza enfrente de su mamá, trató de olvidarse un rato de la muñeca y se fue al lonchesito, así decían sus tías, que le hacía su familia por su cumpleaños. La verdad no le gustaba mucho por que todas las tías la abrazaban y le daban besos. Picaba. Pero después de todo, la comida era rica. Siempre había sanguchitos y para ella, todos los dulces que quisiera por que era su cumpleaños. Le preparaban los postres más deliciosos y estrambóticos. Las tortas de chocolate tenían fresas y las de fresa, chocolate. Y había bolitas de todos los colores que tenían cada una un sabor único, especial y siempre nuevo. Carolina trató de olvidarse del incidente de la muñeca. Pero era muy difícil. Es que la quería tanto.
(4 de 5)
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